Lo malo sobre un escenario

Normalmente me siento bien sobre un escenario. Me siento cómoda, no me intimida. Cuanto más público hay, más arropada me siento, más me animo…

Pero hay veces que esto no ocurre. Cuando hay problemas con el sonido, cuando las luces me ciegan y no veo lo que hay delante. Cuando apenas hay gente o la que hay parece tener los pies clavados al suelo, o apenas nos echa cuentas. Esas son las situaciones en las que no me siento bien en un escenario.

Además, en las últimas semanas he tenido problemas con la voz, y no ser capaz de llegar donde normalmente llego o temer hacerme daño de nuevo, me hacen estar muy tensa.

Eso fue lo que me pasó en nuestro último concierto.

Fue en el festival benéfico Rock & SOS, en la sala Paúl de Jerez, y llevaba semanas sin cantar mucho tiempo. El foniatra ya me había dicho que no forzara la voz, como os conté en otro post, y yo llevaba semanas sin cantar más de dos o tres canciones seguidas.

Y aunque la disposición de los organizadores fue genial, aparecieron casi todos los factores que me hacen estar incómoda en un escenario, y no pude dar lo mejor de mí.

Me volví a hacer daño esa noche, pero parece que mi voz ya se está recuperando y vuelve a ser la de siempre. Para evitar que vuelva a pasar, estoy ensayando ya con pinganillo, para escucharme siempre y no tener que forzar, así que puede que en los próximos conciertos me veáis algo colgado del cinturón o en el bolsillo trasero del pantalón…sí, es la petaca del pinganillo, ¡como en la tele! 😛

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